“Lost in the Dream” de The War on Drugs

Portada Lost in the DreamTHE WAR ON DRUGS
Lost in the Dream
Secretly Canadian

A veces, demasiado entusiasmo colectivo te previene de escuchar un álbum con la mejor de las disposiciones. Y en ocasiones, esto solamente demora que el veredicto al que llegues sea el mismo que el resto viene compartiendo. Hay que decirlo: no hay unanimidad en elogiar sin remilgos este tercer disco de The War on Drugs, pero los argumentos para desmerecerlo ciertamente vienen brillando por su ausencia.

Adam Granduciel es el factótum de la banda. Luego de separarse de su compañero de guitarras, Kurt Vile (a quien seguramente ya tienes el gusto de conocer), decide mandarse por su cuenta con dos placas recomendables, Wagonwheel Blues (2008) y Slave Ambient (2011). De lo que se habla hoy es del paso agigantado que ha dado el guitarrista, al lograr un nuevo álbum excelso tomando elementos ya manidos que quizás en otras manos hubiesen fracasado estrepitosamente.

Intentando un ejercicio exhaustivo de identificación de referentes, podemos rastrear toda la yuxtaposición de estilos sumidos en Lost in the Dream: el pop nebuloso del Disintegration de The Cure, rock ochentero de la edad de oro del videoclip (¿soy yo el único que nota alguito de “Young Turks” de Rod Stewart en la fabulosa “Red Eyes”?), retazos de Neu!, bastante de Spacemen 3, y algo más que se me escape por ahí. Abandonándose a lo experimental de vez en cuando, sometiéndose sin culpa frente a la claustrofobia, y por momentos impregnado de un vértigo que te obliga a sujetarte con fuerza de la silla.

Ya comenzar el disco con un track de siete minutos me ha parecido un exceso que celebro. “Under the pressure” es la carta de presentación de un disco ambicioso, con mucho por rebanar, y que te muestra lo que puede lograr el rock sabiendo a dónde apuntar. Si se trata de buscar una mejor manera de experimentar la audición de LITD, esa sería en la carretera, pues sus canciones parecen pensadas para una road movie. Siento que es en un escenario de vastos espacios en donde cada canción mejoraría exponencialmente su ya severo impacto en este servidor (“An Ocean in Between the Waves”).

Hay una marcada ansiedad que me transmite la interpretación de Granduciel (“Disappearing”), pero su convicción logra que el entusiasmo sea lo que prevalezca, a pesar de que su voz me remite demasiado a Dylan (“Eyes to the Wind”). Salvo este detalle, todas las composiciones del disco se desenvuelven de forma cautivante e hipnótica, haciendo que cada segundo valga la pena.

El álbum ha muerto, gritan; nadie quiere gastar una hora oyendo un disco, braman. Sandeces así repiten muchos ignaros, y todos ellos se darán de bruces con los sesenta minutos enteros de Lost in the Dream. Adam Granduciel ha firmado, quizás, el mejor disco del año. Kurt Vile debe estar orgulloso. O muriendo de envidia.  (Cristhian Manzanares)

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