“Girls in Peacetime Want to Dance” de Belle and Sebastian

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BELLE AND SEBASTIAN
Girls in Peacetime Want to Dance
Matador Records

A fines de octubre pasado, se presentó “The Party Line”, avance del álbum que Belle and Sebastian lanzaría en enero de este año. El tema, una melodía demasiado sencilla y bailable, anunciaba un disco que los seguidores de B&S -como yo- no esperarían con la emoción acostumbrada, tomados por la nostalgia de aquella grandiosa -y lejana ya- primera década musical de los escoceses.

Entre las numerosas giras mundiales, los discos recopilatorios, una película (“God Help the Girl”, dirigida por Stuart Murdoch), cuatro años habían pasado desde el Write about Love, cuando Spotify me avisó que Girls in Peacetime Want to Dance (GIPWTD) estaba a disposición para ser escuchado.

La primera impresión puede engañar. Claramente, GIPWTD  no es el mejor trabajo de la banda o el álbum del gran retorno, pero me encontré con un disco que suena a renovación y experimentación de la buena.

Sí, GIPWTD  es un álbum innecesariamente largo e irregular, como algunas de sus canciones; que, a la vez, contiene momentos notables gracias al genio lírico de Murdoch, cuya sensibilidad y amor por la (auto)ficción siempre me desarman y enamoran. Y, claro, también encontré la contagiosa y dominante pulsión por abarcarlo todo, por apropiarse de una paleta enorme y excesiva de estilos musicales y jugar con ellos. El productor Ben H. Allen (Animal Collective, Deerhunter, Cut Copy, Cee Lo Green, M.I.A.) colaboró en el demencial dominó de sonidos; y, tal vez, gracias a él, el álbum logra cierta necesaria unidad.

En el inicio con “Nobody’s Empire”, Murdoch aprovecha versos hermosos para desnudar experiencias propias (su síndrome de fatiga crónica, la soledad, el dolor), acompañado de una melodía con guiños gospel. Le sigue “Allie”, una muestra de su intacto talento para crear narraciones complejas de menos de 5 minutos.

En este punto, la desde el título festiva “The Party Line” suena más orgánica y honesta, sin llegar a convencerme. Tal vez tampoco convenció a la banda que con “The Power of three”, cantada por Sarah Martin, vuelve sobre sus pasos con la suavidad de un tema disco, y una tiernamente nerd referencia a “Los tres mosqueteros”; mientras que “The cat with the cream” es una clásica y elegante balada, cuya dulzura orquestal se contrapone a la letra más crítica escrita alguna vez por B&S, que alcanza al gobierno, al partido conservador y, por supuesto, a la monarquía inglesa.

El verdadero momento para bailar llega en el sexto tema con “Enter Sylvia Plath”, un título juguetón si conocemos la no muy feliz obra de la escritora estadounidense, seguramente adorada por Murdoch; el sonido europop, profundamente disfrutable en una disco, relata la fantasía recurrente del lector obsesivo por tener una historia romántica con un personaje como la bella y oscura Plath.

El ritmo cambia con “The Everlasting Muse”, cuyo aire de celebración judío-balcánica y su último estribillo es lo más recordable: “A subtle gift to modern rock; she says, be popular, play pop; and you will win my love”. “Perfect Couples” es para mí la canción más floja del disco, demasiado larga y con un sonido funk enrarecido y forzado. Y si de líneas prolongadas e innecesarias se trata, debo mencionar a “Ever Had A Little Faith?”, a cuya bella letra inicial -la torcida y tierna religiosidad de Murdoch con brillos esperanzadores- parece faltarle una vuelta de tuerca que acompañe en lo musical.

En ese sentido, la recta final del álbum es mi favorita. “Play For Today” es un dueto y un duelo con Dee Dee Penny, cantante de la banda norteamericana Dum Dum Girls. El contrapunto de voces queda bien para el baile y es uno de los mejores momentos del disco, gracias a la potente base rítmica, las armonías pop y los arreglos festivos. La letra emociona, las metáforas y paralelos entre la puesta en escena teatral y la vida conmueven cómicamente. Sin embargo, el tema se alarga demasiado con la última estrofa (siete minutos es demasiado para una canción en la pista de baile).

En cambio, “The Book of you” no decae nunca en su duración precisa. La voz de Sarah Martin y el ritmo se entrelazan perfectamente, se persiguen en un continuo y poderoso glam pop. Como la canción anterior, Murdoch vuelve sobre este universo de puestas en escenas, disfraces, dramas; el mundo de los personajes retratados, la constante (auto)ficción que tan bien le sale y, al menos para mí, es inagotable.

GIPWTD debió terminar elevado en el placentero riff de guitarra de “The Book of you”, que se toma su tiempo en desaparecer sin molestar a nadie; sin embargo, queda un tema en la lista de reproducción: ”Today (This Army’s for Peace)”, una balada pop ensoñadora que hubiera funcionado mejor ubicado antes en el tracklist.

Desde el título, queda claro que amagar la melancolía y tomar las pistas de baile era la intención y el mandato del álbum, y se logra parcialmente. Es la misma banda -y toda su historia- la que sale a cerrarse el paso, se mete cabe y huye hacia la dirección opuesta más conocida de su música, mordiéndose la cola. Y justamente, gracias a esa tensión, por ese tira-y-jala es que Belle and Sebastian está vivita y coleando. A pesar de no haber ganado “esta carrera”, muchas canciones del GIPWTD perdurarán en mi playlist, junto a los clásicos. Vamos a ver qué pasa. (Elizabeth Aquino)

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