“GHOST CULTURE” DE GHOST CULTURE

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GHOST CULTURE
Ghost Culture
Phantasy

Supe que James Greenwood se despachó uno de los mejores discos del año a los pocos segundos de dar el primer play. Este álbum es de esos. El productor londinense te lleva durante 44 minutos por un universo de ambient house, melodías de synth-pop ochentero, triperíos pre-trance, electronic dark wave, bajos demoledores en plan EBM y pop psicodélico.

Ghost Culture, su alter ego y álbum epónimo, no te sorprenderá como algo novedoso, pero usa elementos clásicos de modo que es un redescubrimiento incluso para oídos curtidos en los sonidos sintéticos de los 80s. Que quede claro que esto no es retro. Estamos ante una talentosa revisión de antiguas variantes del género actualizadas al siglo XXI. Suena al primer New Order y al Depeche Mode de Speak & Spell y A Broken Frame (el 4 de abril de este año, Ghost Culture colgó en su perfil de Facebook el video de “New Life” en vivo, con la frase “Getting inspiration here”). Tiene la fineza de Japan, la contundencia de Yazoo, el ritmo de Fad Gadget y la simpleza del Aphex Twin circa Selected Ambient Works 85-92. Los referentes más modernos son la suavidad de The XX, el júbilo contenido de Hot Chip y Stereolab en su versión más pastel.

Greenwood es un chico prodigio. Empezó muy joven como DJ de house y a los 22 años ganó notoriedad el 2013 con “Red Skin”, un clásico inmediato. Desde ese momento ya era parte de Phantasy, el sello de Erol Alkan que lanza electrónica retorcida y se involucra con sus artistas en la coproducción como lo hacía Daniel Miller en el Mute de los 80s. En los momentos de sosiego luego de darle duro a la laptop en las fiestas, Greenwood se puso a producir lo que ahora es una de las sorpresas del 2015. El disco fue editado en enero e inmediatamente las tiendas Rough Trade lo pusieron como álbum del mes. En pocas semanas las críticas empezaron a alabar sus tracks elegantes, delicados, gélidos y, por momentos, bailables. Retrofuturismo hecho en una cabina durante el invierno antártico, cuyo sonido se expande y de pronto pone a bailar a toda la tropa de exploradores sónicos conectados por internet en todo el mundo.

Ghost Culture es un álbum repleto de reverberación, con un sonido melancólico en medio de espacios oscuros, como si alguien estuviese esperando resignado y en paz que se concrete una amenaza. Pero no todo son loops y melodías eléctricas. Greenwood tiene también el espíritu de Martin Gore; canta con una voz suave, con dulzura pero mucha seguridad. Las letras, coescritas con Natalie Long, son aparentemente simples pero el asunto es críptico, comprensibles solo para las personas a quienes Greenwood y Long posiblemente se dirigen. La verdad que eso es irrelevante. Podrían estar cantando sobre el exterminio de los osos polares en idioma ‘inuktitut’ e igual sería todo un discazo. Esto de Ghost Culture recién empieza. (Mario Reggiardo)

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